
Terrá. 

Terrá.-Mas allá de este cuadro caluroso que pinto en esta poesía, se me viene a la memoria del subconsciente, una ráfaga de aire puro y caliente, del mar de arenas doradas de infinitas dunas que, como olas arenosas, conforman el oceano interior de África, que llaman el Desierto del Sáhara, surcado por atrevidas barcas jorobadas, navegando en hileras sin mas trapo largado al viento, que las azuladas chilabas de los marinos de arena, sentados, todos, en lo mas alto de sus pequeños barcos del desierto, bamboleando de popa a proa sus delgados cuerpos, sin mas brújula que el sol para ir de puerto a puerto, aunque hay quienes dicen que no son ellos los que guían a sus barcos, sino sus barcos a ellos, que con su instinto les lleva, de pozo a pozo los vientos:son barquitos que navegan, por su olfato hacia sus puertos, los oasis, alos que llegan si va delante el mas viejo.
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